PRECARITY AND YOUTH

jueves 23 noviembre 2017

¡QUIEBRA!

Encuentro Precarity and Youth, en resumen

Presentación1Alba Romero López, estudiante de CC Políticas en la UCM

 

El pasado 24 y 25 de octubre tuvo lugar en Madrid el Encuentro Internacional sobre Juventud y Precariedad #PrecarityAndYouth. En él participaron diferentes organizaciones juveniles de distintos países de gran parte de la geografía europea. El objetivo del encuentro, entre otros, era  poder analizar la situación social, política y laboral a la que se enfrenta la juventud europea en el contexto actual de crisis y la puesta en común de soluciones alternativas a las que ofrece la Unión Europea.

 

La realidad social, política y laboral

Los ponentes de Alemania, Dinamarca, Eslovenia, España, Francia, Irlanda, Italia y Reino Unido situaron el paro, la precariedad y el exilio como las únicas opciones laborales para la juventud en Europa. Y es que, con un 23,2% de desempleo juvenil en la Unión Europea, un 53,1% en Grecia o un 53,8% en España, la respuesta de los gobiernos y de la sociedad civil sigue pasando por  la utilización de calificativos del tipo “generación perdida”, término que curiosamente alude a la colectividad pero cuyo objetivo es culpabilizar al individuo. La individualización de este problema social provoca:

  • La criminalización y “culpabilización” de las y los jóvenes que se ven constantemente acechados por el paro o la precariedad bajo el argumento de no estar lo suficientemente formados;
  • Formación constante. Las instituciones nos ofrecen como única solución (“a nuestra falta de aptitudes”) seguir estudiando o conseguir experiencia a través de prácticas, con lo cual, no llegamos nunca al final del túnel de la preparación para comenzar la andadura profesional.

Pero el problema no es solo el alto porcentaje de parados, sino también la situación precaria de aquellos que trabajan y que se ven sometidos a la temporalidad y la creación de nuevas figuras laborales precarias, a la que se le suma la individualización de las relaciones laborales que atenta contra la negociación colectiva. Un claro ejemplo de ello, lo encontramos en la figura del becario que, sin contar con cobertura legal, laboral, sindical, ni sueldo, aparecen como los nuevos “esclavos” en nuestra sociedad.

Para el precariado trabajar ya no es la vía que nos previene de la pobreza y el problema se expande a otros grupos de edad. La no superación del umbral de la pobreza o el riesgo de exclusión se extiende entre la sociedad fruto de la degradación de las condiciones y derechos laborales así como de la proliferación de nuevas formas de contratación que no permiten, como en las formas tradicionales de empleo, acceder a unos condiciones de vida dignas.

La opción restante para muchas personas ha sido el exilio, una vía generalizada entre los jóvenes de nuestro país. Desde los poderes públicos se pinta como aventura juvenil cuando no es otra cosa que emigración forzosa por causas económicas. Un exilio al que incitan las instituciones, con sus medidas, y que se describe como una oportunidad pero que no es para nada así. Y no lo es porque, aunque los países del Sur y del Este se encuentren en una peor situación económica, en el resto de Europa también existe el paro y prolifera la precariedad.

El problema no se ciñe únicamente al plano laboral, la falta de oportunidades  de la juventud europea deriva en la degradación de las experiencias vitales por el contraste entre el coste de una vida digna y los sueldos de los trabajos a los que tienen acceso. Se configura por tanto un problema transversal que desemboca en la imposibilidad de crear un proyecto de vida propio en todos los sentidos.

Frente a esta realidad nos preguntamos: ¿qué hacen los gobiernos?, ¿qué hace la Unión Europea? Ofrecen soluciones gubernamentales que se enfocan al aumento de este tipo de contratos laborales atípicos (becarios o prácticas) y favorecen la flexibilización de las condiciones en prejuicio del trabajador. En definitiva, siguen los postulados del neoliberalismo que dicta la Troika a la Unión y a sus miembros. Todo ello sin contar con la opinión de los propios afectados lo que confirma, de nuevo, que la UE ignora la problemática de las y los jóvenes pero eso sí, aplica políticas que les conducen a esta dramática situación.

 

Vías para el cambio

En relación con estas cuestiones, los jóvenes que se reunieron en el  encuentro internacional Precarity and Youth propusieron nuevas alternativas de acción basadas, todas ellas, en la movilización colectiva de base ciudadana como opción de reivindicación frente al comportamiento individual que promueven las élites económicas y políticas.

Durante las  jornadas  se debatió un amplio espectro de cuestiones claves como: la educación y la manera de hacerla pública a todos los niveles en el conjunto de países europeos; la creación de una renta básica europea; el acceso a la justicia sin fronteras; el ecologismo, como item fundamental para lograr la cohesión social; el cambio de políticas que generan exclusión hacia aquellas que logren una verdadera inclusión; etc. Pero una de las cuestiones nucleares fue la denuncia de los planes actuales de juventud porque entienden que la juventud no está pidiendo una creación de empleo de cualquier tipo, sino oportunidades para alcanzar una vida digna y nuevas vías para su participación democrática en la toma de decisiones.

No solo se reflexionó acerca del cambio que queremos lograr, sino también se repensaron las vías para lograrlo. Actualmente, en pleno descrédito de los antiguos actores políticos, han surgido en nuestras sociedades nuevas y diversas prácticas sociales y políticas que anteriormente no tenían cabida: los escraches,  las marchas nocturnas, manifestaciones, la asesoría laboral, participación precaria, centros sociales, integración en el proceso educativo, huelgas, movilizaciones de abogados, flashmoves, contenidos en clave de humor reivindicativo, lobbing, performance en público, creación de bases de datos al margen de las instituciones, etc. Son formas de actuación distintas a las que solían verse, o quizás no tanto, en otras movilizaciones sociales del pasado. Son acciones en el corto plazo, independientes y concretas que configuran una estrategia de visibilidad acorde con las líneas del cambio social que se pretende, pero que no constituyen un bloque único estipulado a priori.

Un punto importante es el valor que estas organizaciones le da a los medios de comunicación. Se refieren tanto a los desprestigiados medios de masas –que reconocen no ser perfectos, pero que son importantes–, como a las redes sociales. Para ellos, la difusión de las acciones realizadas por los colectivos sociales es imprescindible para llamar a la acción social, y como medio para situar sus temas de interés en la agenda política y mediática. Se trata de tomar la iniciativa, no esperar a que las instituciones traten los temas que queremos que sean tratados, se debe actuar y luchar en paralelo. La forma de comunicar tampoco es la misma que antiguamente. Las asociaciones juveniles que estuvieron presentes en el debate apuestan por dejar de lado el academicismo teórico en favor de un trabajo de comunicación inclusivo y accesible a todas y todos que sea capaz de abrir el marco de acción política a las mayorías sociales frente a las élites dominantes.

Aunque se suele poner la atención en las nuevas formas de organización política, las organizaciones no rechazaron su la interlocución con ellas ni con las fuerzas políticas anteriores, pero sí consideran que es imprescindible un cambio radical hacia la democratización y la solidaridad europea en el núcleo de éstas. Piden una Unión donde ya no sean hombres blancos de más de 55 años los que copen las instituciones, sino que exista un afán de inclusión y de profundización  de la democracia con personalidades que representen al conjunto de la sociedad. Piden que la toma de decisiones sea abierta y transparente. Piden bajar la edad mínima de voto. Piden más poder del Parlamento Europeo, el único órgano representativo de la UE. Piden representación juvenil. Piden recuperar las instituciones.

 

Conclusión generales

Con todo ello, las y los participantes dejaron clara la tarea que queda pendiente y que es ineludible. Se trata de la articulación de un pensamiento colectivo a nivel europeo, en un tiempo en el que lo estatal se difumina y las políticas regionales se imponen sobre la soberanía nacional. Si la ofensiva se perpetra en los límites de la Unión, la réplica debe provenir desde la misma escala territorial. Las opciones aquí enmarcadas no pretenden el abandono de la lucha desde la dimensión nacional, puesto que cada Estado está circunscrito a sus circunstancias particulares. Es necesario el impulso nacional, pero supranacional también, de cada acción colectiva con el fin de un apoyo de los pueblos europeos mutuo y real. Porque la lucha colectiva, también la que se refiere al de las regiones frente a sus Estados independientes, permite una labor social más fuerte y eficaz.

Igual de importante es el mantenimiento de la precariedad como eje central dentro de las agendas políticas de todos los países, puesto que perder de vista esta cuestión no hará más que permitir el avance implacable de este problema cada vez más extendido.

En conclusión, no puede existir una colectividad que no nazca en la base de la sociedad la cual deberá seguir oponiéndose a las medidas que incitan la precariedad laboral y suponen aumentar la quiebra social, laboral y política que sumerge a Europa en el contexto actual.

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QUIEBRA SOCIAL

Los recortes en protección social y otras medidas de ajuste suponen una reconfiguración del tradicional Estado del bienestar europeo (sin olvidarnos de las disparidades por países) y un claro retroceso para el bienestar ciudadano. Muchos de estos cambios limitan el acceso y favorecen la entrada del sector privado en la gestión y provisión de bienes y servicios que, con anterioridad, gozaban de un carácter eminentemente público y universal. Estamos ante un proceso complejo de transformación que combina diferentes medidas de mercantilización, privatización y desmantelamiento. Mientras continúan las ayudas y los rescates financieros de los que se beneficia un pequeño núcleo de poder, las nuevas políticas sociales agudizan aún más la brecha social y suponen la quiebra de un modelo social que apueste por la justicia y la equidad.

QUIEBRA LABORAL

La crisis del empleo es una realidad en Europa, un problema que se extiende, incluso, más allá de sus fronteras. Disminuyen las oportunidades de acceso al mercado y se degradan las condiciones y los derechos laborales que en el pasado aseguraba el hecho de contar con un puesto de trabajo. Esta es la nueva situación a la que se ve abocada una parte creciente de la juventud europea que tendrá que conformarse con la intermitencia entre largos periodos de desempleo y trabajos precarios si todo continúa igual. Cada vez se dilata y extiende más este enquistamiento desde la juventud hasta la edad adulta lo que impide, no solo la emancipación e independencia económica, sino la posibilidad de planificar opciones de futuro a medio y largo plazo, lo que en definitiva significa vivir al día siendo prisioneros de la incertidumbre.

QUIEBRA POLÍTICA

La incapacidad de las instituciones públicas -nacionales y supranacional- para solucionar los problemas que afectan a los ciudadanos, sumado a los efectos sociales de la crisis (mayor desigualdad, incremento de la pobreza, etc.) favorecen el descontento en grandes capas de la sociedad con la Política. De esta crisis de legitimidad del modelo político europeo, se dan procesos contradictorios: por un lado, el peligro de una baja participación en la vida política de la ciudadanía o el surgimiento de un populismo de derechas que ocupe el vacío que dejan las fuerzas políticas tradicionales; y por otro, se da un proceso de repolitización de parte de la sociedad, que busca nuevas formas de participación política, como lo demostraron los Indignados o los movimientos Occupy. En ambos casos, la presencia protagonista de la juventud europea ha sido clara.

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