PRECARITY AND YOUTH

miércoles 18 octubre 2017

La juventud española no consigue emanciparse

CJECarlos Martínez, FUHEM Ecosocial

El pasado mes de agosto el Consejo de la Juventud de España sacó un informe donde se analizaba el grado de emancipación que tenía la juventud española y sus causas. Los datos recogidos para el primer trimestre de 2014 apuntan que  tan solo el 22,3% de las y los jóvenes han logrado establecerse en  una vivienda independiente a la de su hogar de origen y el 25,5% de las personas de 30 a 34 años sigue residiendo todavía con sus progenitores. Según el informe, la principal causa por la cual las tasas de emancipación españolas se sitúan en una de las más bajas es la falta de empleo de la población menor de 35 años o la inestabilidad laboral de las personas jóvenes que si están dentro del mercado de trabajo. A esto se suma que el acceso a una vivienda, ya sea de compra o alquiler, supone casi el aporte de más del 50% de los ingresos de las personas jóvenes de media, otro motivo fundamental que explica las barreras a las que se enfrentan las personas jóvenes en nuestro país para poder tener un proyecto de vida con independencia de sus redes familiares.

Este informe hace un repaso sobre las precarias cifras para la juventud española que reflejan un panorama estructural de falta de oportunidades que afecta de forma generalizada a la mayoría de las personas jóvenes. El informe distingue dos grupos de edad: personas entre 16 y 29 años y personas entre 30 y 35. Los datos más llamativos del informe se centran en el mercado de trabajo y en el acceso a la vivienda por parte de la población joven.

Por el lado del mercado de trabajo la tasa de paro de menores de 30 años se sitúa en el 42% y en la de 30 a 35 años en el 26%. Cifras que son  las más altas de la serie histórica de nuestro país y también del panorama europeo e internacional. Si cogemos a toda la población joven (estén o no en el mercado de trabajo) el 34% de las y los jóvenes menores de 29  tiene un empelo,  el 42% está inactivo fundamentalmente porque estudian y el 24% está en paro. De las personas entre 30 y 35 años el 68% trabaja, el 9 % está inactivo fundamentalmente porque se dedica al trabajo doméstico y el 23% está en paro. Estas cifras reflejan que no sólo hay un deterioro en las cifras de ocupación si no también en las de actividad, lo que conduce a una situación de exclusión del mercado de trabajo de amplias capas de jóvenes. A esto cabe añadir el efecto que está teniendo en las estadísticas la emigración exterior de miles de jóvenes que disminuyen la población desocupada.

Pero si miramos el empleo que existe, se comprueba que la gran mayoría de las y los que trabajan (alrededor del 90%) son asalariados, y de estas y estos asalariados más del 20% está subocupados (trabajan menos horas de las que les gustaría) y  más del 55%  para ambas franjas de edad están sobrecualificados. Por lo que podemos ver cómo el modelo productivo demandante de empleo no cubre las expectativas y la formación de la fuerza de trabajo joven que está más cualificada que los puestos de trabajo que se crean. El resultado del análisis del mercado de trabajo es que el 66% de la población entre 16 y 29 años no tiene ningún ingreso y el 32% de las personas entre 30 y 35 años, es decir, que una  parte importante de la población joven carece de recursos económicos que les permitan garantizar la cobertura de unas mínimas condiciones de vida. No se trata únicamente de la falta de empleo, sino además de la mala calidad del empleo que ocupan las personas jóvenes siendo la principal causa por la que no pueden emprender un proyecto de vida independiente.

Pero los problemas para emanciparse no sólo provienen de la falta de ingresos. También el acceso a una vivienda debido a sus altos precios constituye otro obstáculo a la emancipación. A pesar de que en los últimos años los precios de la vivienda han bajado, sin embargo una persona joven menor de 30 años asalariada necesita destinar el 62% de sus ingresos para la compra y el 52% para el alquiler. Para el caso de las personas entre 30 y 35 años el porcentaje de sus ingresos destinado a la compra es el 47% y el 40% en el caso de que alquile. Ambos grupos de edad destinan una buena parte de sus ingresos para adquirir una vivienda, estando muy por encima de las recomendaciones de expertos que aconsejan no endeudarse por encima del 30% del total de los ingresos. Estos datos reflejan que es casi imposible que una persona joven sola pueda acceder a una vivienda a pesar de que tenga un trabajo, o en el caso de hacerlo, tiene que destinar tantos recursos económicos que le imposibilitan tener otras esferas de su vida satisfechas.

Por tanto, las estrategias de supervivencia para muchas y muchos jóvenes pasan por compartir proyectos vitales en torno a un hogar, pero aún así, la situación es igualmente difícil. En el caso de los hogares jóvenes (hogares conformados por dos o más personas jóvenes), los porcentajes se reducen un poco, llegándose a destinar el 40% de los ingresos para la compra y el 32% para el alquiler en los menores de 30 años, y el 32% y el 27% respectivamente entre quienes tienen 30 y 35 años.  Estas cifras suponen una mejora con respecto a las anteriores pero son una media del total de jóvenes. Si se profundiza un poco más ordenando a la población joven según sus ingresos, tan sólo uno de cada tres de los hogares jóvenes (de ambas franjas de edad) destinaría menos del 30% recomendado de sus ingresos a la compra de una vivienda, y un 40% de hogares jóvenes (de ambas franjas de edad) para el caso del alquiler. Estos datos confirman la exclusión de la gran mayoría de jóvenes de la posibilidad de acceder a una vivienda (ya sea de compra o alquiler) y reflejan el modelo de endeudamiento masivo que la sociedad española ha vivido en las últimas décadas.

El conjunto del informe deja claro una tendencia estructural de exclusión para las personas jóvenes que imposibilitan que desarrollen un proyecto de vida digno. Esta tendencia venía siendo estructural al modelo de crecimiento que la economía española tuvo durante toda la década de los años 2000 basado en el ladrillo y el turismo y que venía apuntado ya desde las sucesivas reformas laborales emprendidas en los años 90´ con el objetivo de precarizar las condiciones de vida de las diferentes generaciones jóvenes que se incorporaban al mercado de trabajo. Las consecuencias se plasmaron en un retraso en el acceso a las condiciones mínimas a la vida adulta, la emancipación cada vez era más tardía y en peores condiciones. Con la llegada de la crisis ese retraso pasa a romperse y como constatan informes como este, las condiciones de emancipación para las personas menores de 35 años son prácticamente inexistentes.  Desde 2009, el 90% de los más de 5 millones de paradas y parados que se han creado en nuestro país han sido personas menores de 35 años y según los datos de la encuesta de Condiciones de Vida del INE, La renta media anual que reciben las y los jóvenes menores de 25 años ha caído de 9.322 euros a 8.430. Con esta realidad no es de extrañar que en febrero de 2012 el Barómetro del CIS revelase que un 48% de las y los españoles menores de 30 años decían estar dispuestos a trasladarse a vivir a otro país o que en noviembre de 2013 el Eurostat publicara un informe que revelaba que España es el país de Europa que más población pierde a causa de la emigración y la crisis.

Los datos son claros y reflejan una gran quiebra laboral y social y que deriva en una gran quiebra política. El protagonismo de las etapas adultas se asume por parte de las generaciones jóvenes que entienden que en un futuro cercano pasarán a ocupar esa posición. Cuando esas condiciones se rompen, y se produce una exclusión estructural de gran parte de las generaciones jóvenes que se ven imposibilitadas de acceder a unas mínimas cotas de bienestar que les garanticen poder desarrollar un proyecto de vida, entonces el contrato intergeneracional se rompe y con él también las expectativas y la legitimidad sobre un sistema político que consagra este modelo. Por eso, no se puede entender esta crisis económica y política, sin entender el componente también generacional como eje explicativo de la misma. Asistimos a una crisis generacional, los hechos lo reflejan, no sólo porque lideremos los rankings mundiales de paro, precariedad y exilio juvenil, si no porque las respuestas que se están articulando desde la sociedad civil para superar esta situación tienen sin duda un claro componente juvenil, de varias generaciones que están disputando el proyecto de futuro del país con el objetivo de construirse una vida que merezca la pena ser vivida.

Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- ORGANIZADORES -