PRECARITY AND YOUTH

sábado 16 diciembre 2017

Cómo la Mesa Redonda Europea de Industriales llegó a hacerle la guerra de clases a Europa

TNIAndrew Gavin Marshall, Occupy.com

Traducción de Nuria del Viso. Texto blicado por el TNI “State of Europe: How the European Round Table of Industrialists came to wage class war on Europe” (Download pdf.) [1]

 

Creada en 1983, la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT por sus siglas en inglés) se convirtió rápidamente, y lo mantiene, en una de las voces más influyentes de los intereses organizados de las corporaciones en Europa. Sin ser del todo un lobby ni un think tank, la ERT es un grupo orientado a la acción constituido por casi 50 directores ejecutivos o presidentes (CEO) de las mayores corporaciones industriales europeas, unidos para defender colectivamente ciertas ideologías, presionar a las elites políticas y planificar objetivos y programas diseñados para perfilar la Unión Europea y el “mercado común”.

Los 30 años de existencia de la ERT han revelado que se trata de una de las organizaciones más influyentes de Europa, conocida ampliamente por las elites políticas, tecnocráticas y financieras de la UE; mantiene reuniones periódicas, cenas y citas sociales con presidentes de gobierno y oficiales gubernamentales de los Estados miembro de la UE y con líderes de la propia Comisión Europea.  A raíz de la crisis de la deuda de los últimos años, la ERT ha vuelto a estar en primera línea en el diseño de los cambios dentro de la UE, promoviendo la austeridad y reformas estructurales como “solución” a la crisis.

A través de sus tres décadas de historia, la ERT continúa hoy impulsando las ideologías e intereses del poder corporativo y financiero a costa de los intereses de los trabajadores y de la población en general. El presente artículo se propone examinar a este grupo altamente influyente con objeto de arrojar luz sobre una organización bien conocida para aquellos que toman las decisiones importantes dentro de la UE, aunque en buena parte desconocida para aquellos que tienen que sufrir las consecuencias de esas decisiones.

 

Crisis de la deuda

En febrero de 2010 la ERT advirtió a los líderes políticos de la UE que tenían que «actuar con una voz más unificada en cuestiones económicas, financieras, comerciales y educativas o, de lo contrario, se arriesgaban a padecer la irrelevancia global»; añadieron que la unión supranacional de estados «necesita jugar como un único jugador en términos económicos» si tiene alguna esperanza de competir en la era de la globalización con las economías del mercado emergente de Asia y América Latina.

Lo que hacía falta para enfrentar este reto, como explica el CEO de Philips y vicepresidente de la ERT, era «disciplina macroeconómica y financiera»; esto significa austeridad. El presidente de la ERT y CEO de Volvo, Leif Johansson, señaló que «necesitamos responder más agresivamente… necesitamos hacer Europa más competitiva en el mercado global y completar el mercado único» dentro de la propia UE.[1]

El mismo mes de febrero de 2010, la ERT publicó un gran informe, ERT’s Vision for a Competititve Europe in 2025 [«La visión de la ERT para una Europa competitiva en 2025»], en el que perfilaba los objetivos ideológicos e institucionales, así como los planes de las mayores corporaciones europeas para perfilar las políticas de la UE hasta el año 2025. El informe identificaba el estallido de la crisis de la deuda como «una oportunidad para repensar la futura senda de la UE y tomar una acción contundente», y además explicaba que la publicación misma estaba directamente «dirigida a guiar las opciones políticas de la UE en la próxima década».[2]

A raíz del ascenso del poder económico de Asia, la ERT advirtió que a menos que se realizaran profundas reformas y cambios, Europa se convertiría en un “gigante con pies de barro”. Para remediarlo, haría falta completar el mercado único de la UE, lo que supondría grandes cambios en el sistema de salud y un mayor énfasis en su privatización.

La ERT presionó por la “sostenibilidad” de «medidas sensatas en economía, finanzas, educación, seguridad social y sistemas de pensiones, uso optimizado de materias primas, agua y alimentos, y suministro estable de energía». En otras palabras, los altos ejecutivos de las corporaciones “tomaron prestado” el término sostenibilidad del discurso medioambientalista para referirse a cualquier área gestionada o financiada por el gobierno, entendida como “insostenible” debido a la crisis de la deuda causada por los bancos. “Sostenibilidad” para la ERT significaba acelerar las privatizaciones, desregulación y mercantilización de toda la sociedad, sin duda para su propio beneficio. Cuando utilizan el término “sostenibilidad”, están, de hecho, refiriéndose a la sostenibilidad de su creciente poder y beneficios.  El propio informe  señalaba que «las políticas sostenibles deberían estimular la actividad económica, basada en mecanismos de mercado libre y justo, abierto, con libertad emprendedora, mercados laborales inclusivos y una regulación inteligente».

El camino para tal sostenibilidad pasa por una larga y profundamente dolorosa austeridad. La ERT hizo un llamamiento a los Estados miembro a adherirse al Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que exigía a los países mantener sus déficits presupuestarios por debajo del 3% del PIB, al tiempo que fomentaba superávits presupuestarios; además, ese objetivo «debería ser financiado reduciendo el gasto público en torno a políticas que no son sostenibles»; en otras palabras, austeridad. La ERT pide “reformas” de la seguridad social y del sistema de pensiones, empezando por que la UE debería «poner más énfasis en la responsabilidad de los pacientes de los costes de salud», lo que significa que debería haber menos apoyo público a las poblaciones y más apoyo a las corporaciones, y que esas poblaciones deberían dejarse al antojo del mercado “competitivo”.

Volviendo a una de los temas de importancia más persistentes de la ERT, el informe señala: «Los mercados laborales europeos necesitan hacerse mucho más inclusivos, permitiendo a las empresas movilizar a los empleados de todas las edades y de todos los niveles de cualificación». Esto requiere «un nuevo entendimiento de la seguridad en el empleo, poniendo menos peso en conservar los puestos de trabajo y más en garantizar altos niveles de empleo productivo y sostenible», definido a grandes rasgos como “flexibilidad laboral”, diseñada para «ayudar a situar la productividad europea entre las mayores del mundo». En otras palabras, los mercados europeos de empleo deben hacerse menos protegidos, menos regulados y con menos prestaciones, de modo que el propio empleo se abarate para facilitar su contratación, esté menos protegido frente a la explotación y, por tanto, sea más “productivo”. Solo con una mano de obra barata y explotable podrá Europa “competir” a nivel global con regiones como Asia y América Latina. La ERT reconoce el reto de tal tarea, y sugiere que hace falta una “cultura del cambio”. Como en el pasado, un cambio –o “ajuste”− así debe ser engendrado por los propios trabajadores y la población en general, no por las corporaciones o las elites económicas y financieras.

Dos figuras relevantes dentro de la ERT, el presidente del grupo, Leif Johansson, y Jacob Wallenberg, escribieron a dúo un artículo en Financial Times en marzo de 2010 en el que subrayaban la necesidad de que Europa «volviera al crecimiento sostenible» en el cual «el camino recto» a «la recuperación económica y el empleo sostenible pasa a través de unos mercados saludables, competitivos y abiertos».[3]

Jacob Wallenberg, presidente del grupo de trabajo de la ERT de Política Competitiva, es un ejemplo típico de los miembros de la ERT compuesta por corporaciones occidentales, elites financieras y políticas con un alcance e influencia global sin precedentes. Wallenberg es un miembro destacado de la dinastía financiera más influyente de Suecia, la familia Wallenberg, y es presidente de la compañía de inversiones de la familia, Investor AB, y vicepresidente del banco familiar, SEB AB. Wallenberg se sienta también en los consejos de una serie de corporaciones, incluyendo Coca-Cola, Ericsson, ABB y SAS AB, y la Escuela de Economía de Estocolmo. Además, Wallenberg pertenece a varios grupos asesores con acceso directo a líderes políticos y de políticas públicas, como el International Business Leaders’ Advisory Council to the Mayor of Shangai [consejo asesor internacional de los líderes empresariales para el alcalde de Shangai]; el consejo asesor internacional del think tank de EEUU Atlantic Council; el International Business Council [Consejo Empresarial Internacional] del Foro Económico Mundial; la junta directiva del Bilderberg Group y, anteriormente, del consejo asesor internacional del gigante global de inversiones Blackstone.

De las 51 personas líderes o miembros de la Mesa Redonda, seis pertenecen también al Consejo Empresarial para Asuntos Internacionales del Foro Económico Mundial, cinco están asociados al gigante financiero alemán Allianz (uno se sienta en su consejo y los otros cuatro son miembros de comité asesor conjunto de las compañías Allianz), cuatro más son o bien miembros de la junta directiva o participantes recientes de las reuniones de Bilderberg; otros cuatro individuos son o han sido parte de Siemens y Ericsson; tres son o han sido miembros de la Comisión Trilateral, tres más tienen posiciones de liderazgo en The Conference Board, tres se sientan como miembros del International Business Leaders’ Advisory Council to the Mayor of Shangai y otros tres también pertenecen al comité asesor internacional de la Universidad de  Bocconi y de Paris EUROPLACE.

En un artículo de 2010 para la revista International Sociology, William K. Carroll y Jean Philippe Sapinski examinaron la relación entre la elite corporativa y la emergencia de  una “red transnacional de planificación de políticas” en las décadas siguientes a la segunda guerra mundial y la aceleración del proceso desde los años setenta del siglo XX en adelante, con la creación de “grupos globales de políticas” y think tanks tales como el Foro Económico Mundial en 1971 y la Comisión Trilateral en 1973, entre otros muchos. El objetivo de estos grupos fue crear una “minoría organizada” políticamente de elites corporativas y financieras por encima y más allá del Estado-nación. Estas organizaciones permiten a las corporaciones transnacionales y a las elites políticas reunirse, debatir, crear consensos sobre los temas principales, planificar y promover ideas, perfilar instituciones, promover agendas y programas de acción y, muy importante, tratar directamente con las principales elites políticas y administrativas que también participan en estos grupos.[4]

Cuatro de los miembros de ERT pertenecen también al Grupo Bilderberg, creado entre 1952 y 1954, que reúne a unas 130 personas de las elites política, económica y financiera de Europa occidental y América del Norte para debatir sobre temas relevantes de importancia global a puerta cerrada, en secreto y sin participación pública o cobertura mediática en reuniones anuales de tres días. Un antiguo participante de las reuniones del Bilderberg, Will Hutton, se refirió al grupo como «los altos sacerdotes de la globalización».[5] Otro grupo importante de planificación de políticas que representa los intereses de la “Clase Capitalista Transnacional” es la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Creado en un principio como foro de los CEO europeos en 1971, el Foro ha ampliado rápidamente sus objetivos y miembros, reuniendo anualmente a miles de miembros procedentes de las elites política, corporativa, financiera, intelectual y cultural en un lugar para debatir y discutir temas de gran calado y ayudar a perfilar un consenso común sobre cómo abordar estos problemas. Seis de los actuales 50 miembros de ERT también pertenecen al Consejo Internacional de Negocios del Foro Económico Mundial, lo que les proporciona una posición de liderazgo dentro de este altamente influyente foro anual.

La Comisión Trilateral se creó en 1973 a iniciativa del CEO de Chase Manhattan, David Rockefeller, que buscaba una organización que pudiera reunir a unos 350 miembros de las elites política, corporativa, intelectual, financiera y cultural de América del Norte, Europa occidental y Japón a fin de establecer mayor cooperación y coordinación de las políticas entre los principales países industriales del mundo. Tres miembros de la ERT pertenecen o han pertenecido a la Comisión Trilateral.

Una de las iniciativas más infames de la Comisión Trilateral fue su informe de 1975 sobre la Crisis de Democracia, en el cual los autores sugerían que el mundo industrializado estaba experimentando un “exceso de democracia” y que los intereses corporativos estaban amenazados por poblaciones activistas, crecientemente militantes y políticamente conscientes que buscaban reducir el poder de las corporaciones mientras demandaban más poder y oportunidades para grupos y poblaciones. El informe identificaba que la causa de la “crisis de democracia” era «una sociedad altamente educada, movilizada y participativa», y, por tanto, la solución al “exceso de democracia” consistía en que creciera la «apatía y no implicación por parte de algunos individuos y grupos».[6]

No hay duda de que estas visiones todavía las mantienen los miembros de la ERT dada su implicación en la Comisión Trilateral y las amenazas percibidas que supone la democracia a sus propios intereses económicos.

De los 50 miembros de la Mesa Redonda, 16 tienen cargos simultáneos de liderazgo en grandes bancos europeos e instituciones financieras. Si incluimos miembros que han estado recientemente en cargos de responsabilidad en destacadas instituciones financieras europeas, más de 20 de un total de 50 miembros de la ERT están muy involucrados en la dirección del sector financiero. De modo que no solo los miembros de ERT están totalmente integrados en las instituciones y redes que influencian a las elites políticas y administrativas de todo el mundo industrial, sino que están incluso más conectados con las instituciones financieras que dominan los mercados globales y que precipitaron la última crisis económica global.

Un ex oficial del Departamento del Tesoro, Roger Altman, escribió en Financial Times en 2011 que los mercados financieros se habían convertido en «un supra-gobierno global» que tiene el poder para «echar a gobiernos refractarios… forzar la austeridad, salvar bancos y otros grandes cambios de políticas» y que, aparte de las armas nucleares, «se han convertido en la fuerza más poderosa de la tierra».[7]

En un artículo de 2013 en Financial Times, Altman escribió que no fue Angela Merkel «u otros líderes políticos  quienes empujaron a la austeridad a Italia, España, Grecia y el resto», sino más  bien fueron los «prestamistas privados… quienes declinaron financiar más préstamos a esos países», señalando que «los mercados dispararon la crisis de la Eurozona, no los políticos». Altman añadió que «De hecho, los mercados del siglo XXI son mucho más poderosos que cualquier líder político».[8]

La capacidad de Mesa Redonda Europea de Industriales para representar intereses colectivos de concentración de poder corporativo y financiero supone que cuando la ERT publicó en febrero de 2010 el informe de su Visión para 2025, fue tomado muy en serio por los líderes políticos y administrativos europeos.

Inmediatamente después de la publicación del informe de ERT, miembros de la Mesa Redonda se reunieron con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.[9] Uno de los altos oficiales de ERT comentó que «dejaremos claro a Barroso que le estamos observando y le consideraremos responsable del éxito o el fracaso de la estrategia, tanto como a nuestros gobiernos nacionales».[10]

Al mes siguiente, la Comisión Europea publicó su propio informe, Europa 2020: Una estrategia europea para un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo, en el que Barroso escribió que era «tiempo de ser atrevido y ambicioso».[11] Manifestó que las deudas de los gobiernos «no pueden sostenerse indefinidamente», el informe sugiere que lo que haría falta son «reformas de medio a largo plazo que fomenten la sostenibilidad de las finanzas públicas  y promuevan el potencial de crecimiento».  A lo largo de 2011 se recomendaba a la mayoría de los países el proceso de “consolidación fiscal” –o duras medidas de austeridad−, mientras que se esperaban subidas de impuestos y «reformas estructurales importantes, en particular de las pensiones, sanidad, protección social y educación». La UE necesitaría un «marco de gobernanza fuerte… para garantizar una oportuna y efectiva implementación».

A todos los efectos, entonces, el propio informe de la Comisión reflejaba en gran medida los mismos objetivos y argumentos ideológicos que el informe del ERT publicado un mes antes. La Mesa Redonda mantuvo la presión sobre la UE y sus instituciones para proseguir sus planes a fin de expandir la “competitividad” de Europa a través de «una acción política ambiciosa, audaz y consistente».[12] En enero de 2011 la ERT advirtió a los líderes europeos de la necesidad de una «vuelta rápida y ordenada a unas finanzas públicas estables», urgiendo, por tanto, más medidas de austeridad.

La ERT se seguiría encontrando con altos cargos políticos europeos para promover su agenda de la UE, y mantendría reuniones con la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro danés. En noviembre de 2011 el Presidente francés Nicolás Sarkozy recibió a una delegación de ERT en la que los CEO «enfatizaron la necesidad de implementar políticas europeas que apoyaran a la industria».[13]

El mismo mes la ERT publicó un informe sobre el avance de su agenda de Visión 2025, señalando que «la deuda pública y privada debe reducirse, mientras que hace falta crecimiento económico para garantizar la riqueza y el bienestar de Europa».[14] Poniendo de manifiesto que las corporaciones de Europa son el «núcleo de una Europa sostenible», hacía un llamamiento a los cargos ejecutivos para priorizar «la modernización de las regulaciones laborales en Europa hacia la flexibilidad», al tiempo que seguir con las medidas de austeridad.

En marzo de 2013 Angela Merkel ofreció una “cena de alto nivel” a la que invitó a una delegación de la ERT, además de al Presidente de Francia Francois Hollande y al Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, en la que los CEO iban a debatir la “competitividad” de la UE. Uno de los principales puntos de la agenda era reafirmar que tendrían que “asentarse rápidamente” los “mercados laborables productivos y flexibles”.[15]

 

ERT como “cartel competitivo”

Pese a todo su discurso sobre “competitividad”, las corporaciones de la Mesa Redonda Europea de Industriales se involucran de forma rutinaria en la creación y operación de cárteles, la pura definición de la anti-competencia. Existe, sin embargo, una lógica a ese proceso: las grandes corporaciones se forman a través de fusiones y adquisiciones que desembocan en instituciones altamente concentradas de poder económico e industrial, que se concentra aún más en el mundo de las finanzas. En esas circunstancias, sirve a los intereses de los grandes conglomerados confabular unos con otros, formar cárteles y, por tanto, minar la competencia (o la “competitividad”) entre ellos, aumentar los beneficios de todas las partes involucradas y, por tanto, facilitar mayores niveles de concentración económica al tiempo que aumenta con ello la influencia social y política.

Un estudio de la Mesa Redonda Europea de Industriales publicado en 2012 en la revista Competition and Change examinaba las corporaciones miembro de ERT que han sido procesadas por las regulaciones de competencia de la UE por formar cárteles y el resultado es esclarecedor: entre 1990 y 2010 de un total de 101 corporaciones vinculadas a ERT, 32 de ellas fueron condenadas en algún momento (y a menudo, en diferentes momentos) por participar en cárteles, y con frecuencia por participar en cárteles formados con otras compañías miembro de ERT. En total, la Comisión Europea emitió 63 multas a estas 32 corporaciones, o, alternativamente, les concedió inmunidad. Según la ley comunitaria, una compañía que denuncia un cártel obtiene automáticamente inmunidad por las repercusiones legales. Los cárteles estaban formados principalmente en torno a corporaciones químicas (incluyendo las farmacéuticas) y energía (petróleo, gas y electricidad).[16]

De modo que mientras estas grandes corporaciones minan el libre mercado y la competencia formando cárteles, promueven activamente la “competitividad” en la economía europea y, desde luego, global. ¿Se trata de una contradicción casual? ¿O subyace una lógica más sutil en todo ello? Por supuesto, promover la competencia a gran escala permite a estas corporaciones tener acceso a nuevos mercados y siendo ya tan grandes, les da una “ventaja competitiva” desproporcionada sobre compañías más pequeñas obligadas a “competir” en el “mercado libre”. Mientras tanto, esas grandes multinacionales conspiran y forman cárteles juntas para proteger su poder colectivo y su riqueza desde la cima de la estructura socioeconómica, forzando a sus proveedores, competidores más pequeños y, más importante, su fuerza laboral y trabajadores a competir en el “libre mercado”. Por tanto, mientras que los proveedores, compañías más pequeñas y trabajadores compiten entre sí –reduciendo sus precios para aumentar su atractivo− esa lucha tiene el efecto de reducir los costes para las grandes corporaciones, que pagan menos a sus proveedores, superan más fácilmente a las pequeñas compañías (o las absorben) y pagan menos por más trabajadores. Y así, las grandes corporaciones del mundo tienen un incentivo para promocionar la “competitividad” para otros, mientras forman cárteles entre sí, aumentando su poder y beneficios.

 

Una historia de influencias

La historia de influencia y confabulación en pos de una mayor ganancia económica de la Mesa Redonda Europea de Industriales se remonta a mucho antes de la actual crisis económica, y, de hecho, es crucial para entender la naturaleza de la UE actualmente. La ERT ha sido un agente influyente  desde su creación a principio de los años ochenta, formada  en una era en la que las corporaciones europeas estaban afrontando mayor competencia por parte de compañías estadounidenses y japonesas y cuando la mayoría de las firmas europeas experimentaba una recesión. En 1982, una serie de reuniones entre el CEO de Volvo, Pehr Gyllenhammar y el Comisario Europeo de Industria, Etienne Davignon, desembocaron en la idea de formar una asociación de máximos directivos de corporaciones europeas dirigida a perfilar las políticas industriales y económicas de la Comunidad Europea.[17]

Formada en 1983, la Mesa Redonda reunió a 17 altos cargos de las corporaciones europeas, fundamentalmente para promover una mayor integración europea y específicamente, fomentar la formación de un “mercado interno”, y así permitir «a las firmas europeas desarrollarse como potentes competidores en los mercados mundiales».[18] La ERT captó con éxito la atención de gobiernos europeos fuertes, buscando promover su propia agenda a través de líderes poderosos.

En 1985 Wisse Dekker, el CEO de Philips y miembro de la ERT, lanzó su plan Europa 1990, que detallaba los pasos necesarios para formar un mercado interno para el año 1990. La ERT rápidamente adoptó el plan y cuando Jacques Delors llegó a la Presidencia de la Comisión Europea, las reuniones y conexiones entre la Comisión y la ERT se incrementaron notablemente y, a su tiempo, el plan de la ERT para Europa llegó a ser el plan de la Comisión para Europa.

A través de su liderazgo para promover el mercado interno, reunirse con y ayudar a organizarse a líderes políticos −al tiempo que amenazar a esos líderes políticos con reubicar sus industrias altamente rentables en otro lugar si sus demandas no eran atendidas−, los principales CEO de Europa, organizados en la Mesa Redonda Europea de Industriales, lograron una profunda influencia en el diseño del mercado común europeo y el relanzamiento del proyecto de integración europea. El presidente de la Comunidad Europea en persona, Jacques Delors, reconoció que en la creación del mercado común «fueron de importancia los actores empresariales; ellos hicieron mucho para que ocurriera». Como señala María Green Cowles, «la ERT se convirtió en un actor político por derecho propio».

Wisse Dekker, que fue responsable en buena medida por capitanear el empuje hacia el mercado común, actuó como presidente de la ERT desde 1988 a 1992. En retrospectiva, Dekker comentó que «consideró a la Mesa Redonda más que un grupo de lobby, ya que ayudó a perfilar las políticas. La relación de la Mesa Redonda con Bruselas es de una gran cooperación, un diálogo que a menudo comienza en una etapa muy temprana del desarrollo de las políticas y directivas».[19]

Jérome Monod, que fue presidente de la ERT de 1992 a 1995, también señaló que «la ERT no es un lobby, sino más bien un grupo de ciudadanos europeos que expresan su opinión de la mejor manera para hacer a Europa y las compañías europeas competitivas al nivel global para políticos, gobiernos, la Comisión y otras instituciones». Helmut Maucher, que también presidió la ERT de 1996 a 1999, añadió que «la ERT es parcialmente un lobby, pero no para los intereses de sectores individuales, sino para la competitividad de Europa. Como esto es una preocupación fundamental, que las autoridades públicas europeas comparten con nosotros, somos también un socio privilegiado en el diálogo sobre estas preocupaciones».[20]

Un miembro de la ERT manifestó que la Mesa Redonda «tiende a tomarse más en serio» por líderes políticos, precisamente «porque son los grandes líderes industriales [en persona] quienes van a hablar a los comisarios». Este acceso privilegiado es fortalecido de continuo al tener varios miembros de la ERT a lo largo de los años que fueron también en algún momento comisarios europeos. Por ejemplo, Peter Sutherland, que fue Comisario Europeo de Competitividad bajo la presidencia de Delors, se unió a la ERT en 1997 y fue miembro hasta 2009 mientras trabajaba como presidente de British Petroleum al tiempo que presidente de Goldman Sachs International y el Royal Bank of Scotland. En una entrevista, Peter Sutherland afirmó: «Creo que la importancia de la ERT no está solo en el hecho de que coordinó y creó un enfoque cohesivo en torno a los representantes de las mayores industrias de Europa, sino porque las personas que pertenecen al grupo tienen que estar al más alto nivel de las compañías, y casi todos ellos tienen acceso sin restricciones a líderes gubernamentales dada su posición en las compañías… eso es exactamente lo que la hace diferente [a otras organizaciones], el hecho de que sea al máximo nivel de las empresas y solo pertenecen las grandes compañías de cada país de la UE. De modo que, por definición, cada miembro de la ERT tiene acceso al más alto nivel del Gobierno.[21]

Tal acceso ha sido formalizado dentro de la ERT, que mantiene sesiones plenarias semestrales e invita a asistir a comisarios y jefes de Estado, al igual que ofrece una cena con el gobierno de turno que ostente la presidencia del Consejo Europeo. Una delegación de la Mesa Redonda se reúne normalmente con el presidente de la Comisión Europea en reuniones formales unas dos veces al año, aunque se dan muchos otros encuentros informales.

La Mesa Redonda no solo fue significativa para empujar a Europa hacia el mercado interno, sino también para promover los subsiguientes esfuerzos de integración europea. Peter Sutherland señaló que la ERT «desempeñó un papel significativo en el desarrollo del programa de 1992», cuando él era comisario, y añadió que «uno puede argumentar que toda la ejecución del proyecto del mercado interno se inició no por gobiernos, sino por la Mesa Redonda y por algunos de sus miembros, Dekker en particular». Sutherland también explicó que la Mesa Redonda «jugó un papel bastante consistente en consecuencia en el diálogo con la Comisión sobre pasos prácticos para implementar la liberalización del mercado».

El hecho de que la empresa haga lobby a los políticos no ha sido un amor no correspondido. En mayo de 2007 el entonces Primer Ministro británico, Tony Blair, mantuvo una reunión en el nº10 de Downing Street con los 45 CEO de la Mesa Redonda Europea de Industriales, en la que Blair informó a influyentes empresarios de que «el empresariado europeo no hace oír su voz suficientemente fuerte o suficientes veces» y que era «importante que dieran pasos adelante e hicieran una afirmación clara  respecto a dónde creen que [Europa] debe dirigirse». En el turno de preguntas y respuestas Blair explicó que un gran reto era generar un «gran cambio» en la estructura del sector público europeo, señalando que «es importante no tener políticas en servicios públicos dictadas simplemente por sindicatos de servicios públicos».[22] Presumiblemente, entonces, Blair estaba sugiriendo que era importante tener corporaciones multinacionales privadas que dictaran las políticas en los servicios públicos.

Es esta convergencia de elites corporativas, financieras, intelectuales, políticas e ideológicas interconectadas a través de los consejos de administración de empresas, bancos, grupos de políticas, think tanks, fundaciones, grupos de asesores y foros lo que ha conducido a lo que el multimillonario Warren Buffet define como una “guerra de clases” en la que «mi clase, la de los ricos, es la que hace la guerra, y estamos ganando». En la Unión Europea son sus opciones las que en gran parte se recogen en las despiadadas medidas de austeridad que extienden la pobreza y el desempleo al tiempo que se desmantela la sanidad, la educación los servicios sociales y la vivienda pública. Al tiempo que los recursos y los activos se privatizan, los trabajadores pierden sus empleos, las pensiones y la seguridad social menguan, los derechos y prestaciones se desmantelan y la población es empujada a la desesperación. Esa es la razón por la que la lucha por una Europa diferente debe empezar primero enfrentando y minando el poder de aquellos que abanderan esta guerra.


[1] Richard Milne, «Business plea for unified EU voice», The Financial Times, 2 febrero 2010.  http://www.ft.com/intl/cms/s/0/ccbb6abe-0f9a-11df-b10f-00144feabdc0.html#axzz2R4i2OiCC

[2] Mesa Redonda Europea de Industriales , ERT’s Vision for a Competitive Europe in 2025, ERT, febrero 2010, p. 1.

[3] Jacob Wallenberg y Leif Johansson, «Europe must sharpen competition policy», Financial Times, 15 de marzo de 2010. http://www.ft.com/intl/cms/s/0/c2498bd6-2b94-11df-a5c7-00144feabdc0.html#axzz2R4i2OiCC

[4] William K. Carroll y Jean Philippe Sapinski, «The Global Corporate Elite and the Transnational Policy-Planning Network, 1996-2006: A Structural Analysis», International Sociology, Vol. 25, nº 4, julio 2010, pp. 502-503.

[5] Mark Oliver, «The Bilderberg group», The Guardian, 4 junio 2004. http://www.theguardian.com/news/2004/jun/04/netnotes.markoliver

[6] Michel J. Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, The Crisis of Democracy, informe sobre la gobernabilidad de las democracias para la Comisión Trilateral,  New York University Press, 1975, pp. 93, 113-115.

[7] Roger Altman, “We need not fret over omnipotent markets,” The Financial Times, 1 December 2011: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/890161ac-1b69-11e1-85f8-00144feabdc0.html#axzz1fnNHC8YP

[8] Roger Altman, “Blame bond markets, not politicians, for austerity,” Financial Times, 8 May 2013: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/36e9369a-b7d7-11e2-9f1a-00144feabdc0.html?siteedition=intl#axzz2liZXj1Z2

[9] CALENDRIER du 01 au 07 février 2010, Comisión Europea, acceso on line 26 abril 2013.

http://europa.eu/rapid/press-release_CLDR-10-4_fr.htm?locale=en

[10] Frédéric Simon, «Industrialist: 1.2 million engineers needed to make EU competitive», EurActiv, 3 febrero 2010, http://www.euractiv.com/priorities/12-million-engineers-needed-make-eu-competitive-industrialist-claims

[11] Comisión Europea, Europe 2020: A European Strategy for Smart, Sustainable and Inclusive Growth, Comisión Europea, marzo 2010, prefacio.

[12] Daniel Schafer, «Industry warns Europe on competitiveness», The Financial Times, 31 enero 2011. http://www.ft.com/intl/cms/s/0/b904de8e-2afa-11e0-a2f3-00144feab49a.html#axzz2R4i2OiCC .

[13] Nota de prensa de la Mesa Redonda Europea de Industriales,  Francia en los EEUU/Embajada de Francia en Washington, 21 noviembre 2011. http://ambafrance-us.org/spip.php?article2940

[14] ERT, «Industry: Europe’s Future», Mesa Redonda Europea de Industriales, 3 noviembre 2011, p. 2.

[15] ERT, «Restoring Europe’s competitiveness, growth and employment», Mesa Redonda Europea de Industriales, 13 marzo 2013. http://www.asktheeu.org/en/request/427/response/1352/attach/html/5/Konecny%202012%201499%20annexe.pdf.html

[16] Hubert Buch-Hansen, «Freedom to Compete? The Cartelization of European Transnational Corporations», Competition and Change, Vol. 16, nº 1, febrero 2012, p. 27.

[17] Maria Green Cowles, «Setting the Agenda for a New Europe: The ERT and EC 1992», Journal of Common Market Studies, Vol. 33, nº 4, diciembre, 1995, pp. 503-504.

[18] Ibid., pp. 506-507.

[19] Bastiaan Van Apeldoorn, «Transnational Class Agency and European Governance: The Case of the European Round Table of Industrialists», New Political Economy, Vol. 5, nº 2, 2000, p. 160.

[20] Ibid., pp. 160-161.

[21] Ibid., pp. 164-165.

[22] Jean Eaglesham, «Blair calls for louder business voice in Europe», The Financial Times, 22 mayo 2007. http://www.ft.com/intl/cms/s/0/6bbc5b18-0801-11dc-9541-000b5df10621.html#axzz2RheW3HA6

 

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