PRECARITY AND YOUTH

jueves 23 noviembre 2017

¡QUIEBRA!

Juventud Sin Futuro: intervención segunda mesa debate

JsFFrancisco Casamayor, Juventud Sin Futuro

 

Una respuesta política a la precarización de nuestras vidas.

El desempleo, la precariedad y el exilio han sido las tres categorías sobre las que el colectivo Juventud Sin Futuro (JSF) lleva articulando su forma de hacer política desde el ciclo de movilizaciones iniciado en mayo de 2011. En la ponencia, partiremos de un análisis de datos para intentar responder qué se puede hacer frente a la precarización, condición ya permanente en las relaciones de trabajo y de vida. A partir de esto, expondremos como JSF ha intentado dar respuestas colectivas y resituar en el plano de la política fenómenos sociales como el paro, la falta de expectativas y la emigración, cuyas explicaciones por parte del establishment se reducían a una clave individual. Esta forma de articular políticamente lo que estaba presentando como algo inevitable y particular, lo enmarcamos en lo que se ha denominado la crisis régimen del  78: momento político que se abre actualmente en España y cuyo cierre -oligárquico o de ruptura democrática por abajo-, determinará cómo la juventud podrá afrontar  su situación vital de hoy y de mañana.

 

Juventud Sin Futuro: paro, precariedad y exilio para los jóvenes del Sur.

Todavía hoy, ya pasados seis años desde el estallido de la crisis y más de cuatro años de la puesta en marcha de las políticas del saqueo por parte de las élites y Troika en los países del Sur de Europa, podemos seguir sosteniendo que las tres alternativas que en estos países tiene cualquier persona joven al mirar a su futuro son paro, precariedad y exilio.

Han sido estas las tres categorías sobre las que ha operado nuestra forma de hacer política desde el inicio de la crisis y del ciclo de movilización iniciado en mayo de 2011. Y hoy  debido al desolador escenario de fractura social y laboral que ha generado la supuesta salida de la crisis por la vía de la austeridad, éstas tres mismas categorias siguen siendo hoy las que definen la condición de ser joven (y no ya tan joven) en la periferia de Europa.

 La crisis fue aprovechada por los poderosos para presentarnos las medidas de “ajuste” (como su propio nombre indica) como una etapa dura pero circunstancial y necesaria para salir de la crisis económica y retomar la senda del crecimiento y de bienestar social generalizado. Sin embargo esta gestión de la crisis, por más que se empeñen las élites en convencernos de que se va por el camino adecuado para superarla y en visualizar grandes datos macroeconómicos positivos, ha dado lugar a que el día a día, la realidad que afrontan nuestros pueblos y sobretodo la juventud de nuestros países esté cargada de sufrimiento, incertidumbre y de proyectos de vida truncados.

No obstante, este sufrimiento social y el chantaje entre paro, precariedad o exilio para una gran part de los jóvenes no lo podemos entender simplemente como realidades que son consecuencia y resultado de una serie de políticas equivocadas ante un escenario de crisis económica. Estos fenómenos sociales, son el haz de un régimen de acumulación cuyo revés es bien distinto: un aumento considerable de los beneficios y la rentabilidad financiera de las élites trasnacionales y una apropiación cada vez mayor de la riqueza por parte de los más ricos. Esto sin lugar a dudas, deja claro que los resultados de la bajada de salarios y los recortes del gasto social no se corresponde con una explicación de la crisis basada en falta de recursos, tal y como nos la presentan las élites nacionales y europeas. Si no que estamos, ante una profundización de la ofensiva oligárquica “por desposesión”, que las élites políticas y financieras ya iniciaron a principios de la década de los 80 para acabar con la noción de democracia y condición de ciudadanía basada en trabajos fijos, derechos sociales y servicios públicos. Se está acabando de apuntalar como proyecto de país general una idea de país particular: muy beneficioso para una pequeña minoría con mucho poder, basado en un modelo de distribución de la riqueza más desigual, con menos derechos, más injusticia y menos democracia.

Los datos que mostramos a continuación clarifican la realidad social a la que nos enfrentamos los jóvenes que sufrimos el saqueo. Comprobamos que en nuestros países la consolidación del modelo oligárquico ya venía dándose desde antes de la crisis (peores datos en indicadores de empleo y sociales que los países del centro de Europa), pero ha continuado su camino a marchas forzadas con la crisis y la puesta en marcha de la austeridad.

Las tasas de paro juvenil que se han alcanzado en los países del sur de Europa (gráfico 1) no nos deja mucho espacio para la interpretación: por ejemplo en nuestro país más de la mitad de los jóvenes no tenemos trabajo. España con una tasa del 55,5% en el año 2013, por detrás de Grecia que presenta una tasa del 58,3%,  presenta la tasa de paro juvenil más alta del sur de Europa. Además el poco empleo que encontramos y que nos vemos obligados a aceptar es de muy mala calidad. No nos queda otra opción para no ser “expulsados”, desarrollar mínimamente nuestras vidas y poder seguir siendo reconocidos como ciudadanos. Es la forma de vida que nos han dejado las castas privilegiadas.

Cuando más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo y hay un total de 5.427.700 personas desempleadas (23,67% es la tasa de paro para España según la última EPA III Trimestre 2014[1]), es mucho más fácil ofrecer contratos basura y sin derechos a los que  si trabajan. Nada beneficia más la explotación que un gran “ejército de reserva” haciendo cola en las oficinas de desempleo. Lo sabemos desde hace mucho tiempo.

Gráfico 1. Desempleo juvenil

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

 

Los datos que presentamos de precariedad (Tabla 1) nos muestran la mala calidad del  empleo a la que nos referíamos para dar soporte a nuestras vidas. La parcialidad, que ya partía de altos porcentajes antes de la crisis, ha experimentado un crecimiento considerable en Europa con especial hincapié en el sur: en España en el año 2013 el trabajo parcial llegó a representar más del 27% del total del empleo, en Irlanda un 30,5% y en Italia casi el 24% del total. Teniendo esta precariedad especialmente rostro joven: del total del empleo parcial en el caso de España el 68,2% era involuntario, un 72,5% en el caso de Grecia y casi un 80% en el caso italiano. Además también ha incrementado el porcentaje de empleo joven temporal sobre total de empleados, siendo especialmente alto en Portugal y en nuestro país.

 

Tabla 1. Trabajo parcial, Parcialidad joven involuntaria y Temporalidad joven.

g2

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

 

Esta situación dramática para la juventud del Sur de Europa,  sin embargo no parece que está entre las principales preocupaciones de ests Unión Europa si tenemos en cuenta y lo comparamos con el  gran esfuerzo que si hizo para socializar las pérdidas y rescatar a las élites financieras internacionales. Los montos destinados al rescate bancario nada tienen que ver con los destinados afrontar el desempleo juvenil. Las cifras que se manejan del coste del rescate estaban muy por encima de los 100.000 millones de euros, y estas cantidades distan bastante de los 1.500 millones habilitados para impulsar la Iniciativa para el Empleo Joven y los 6.000 millones previstos para la Garantía Juvenil. En esto quedan claras las prioridades a nivel comunitario. Pero también al nivel estatal donde las recomendaciones europeas han sido aprovechadas por las élites políticas y económicas de nuestro país para llevar a cabo reformas que institucionalizan más la precariedad, ahondan en la temporalidad e individualizan las relaciones laborales[2]

Además de la precariedad como forma de vida, las élites financieras internacionales (que siempre se ven favorecidas por las políticas públicas sin presentarse a las elecciones) y las élites políticas a su servicio (que jamas se ven afectadas por estas problemáticas ni por sus propias decisiones) también nos presentan otra opción: el exilio, esto es, nuestra expulsión forzosa del país al no soportar más la falta de expectativas de futuro.

Aunque los datos son enormemente confusos y resulta enormemente complicado ofrecer cifras fiables sobre el fenómeno, según un estudio del CSIC (González- Ferrer, 2013), 700.000 personas podrían haber emigrado entre el año 2008 y el 2012, la mayoría con edades comprendidas entre 25-34 años y con estudios superiores. Recientes datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cifran el descenso de población de entre 15 y 39 años durante el periodo 2012-2014 en aproximadamente 935.000 personas. En menos de una década, España ha dejado de ser un país receptor de emigrantes y ha pasado a tener un saldo migratorio negativo lo que supone implicaciones graves para nuestra sociedad: pérdida paulatina de población activa (que contribuye negativamente a la recuperación económica y a la insostenibilidad del actual sistema público de pensiones), falta de retorno directo de la inversión educativa o situaciones de desarraigo familiar y social.

El exilio, lejos de ser una cura inapelable contra la precariedad, nos muestra que esta existe, como síntoma, en la mayor parte de los países saquedos–por no decir en todos. En este sentido, el estudio hecho por Juventud Sin Futuro a través de los datos recogidos en su página web en el marco de la campaña #NoNosVamosNosEchan (nonosvamosnosechan.com), con más de 8.500 respuestas, reflejan tres tendencias, en torno a las cuales se puede sacar un análisis interesante del fenómeno.

La primera un elevado porcentaje de respuestas consideran que han sido obligados a dejar el país, un 89,54% por lo que la idealización de las instituciones y aparatos gubernamentales sobre la que consideran “movilidad exterior” dista mucho de la realidad en que las propias personas en situación de exilio se reconocen. La segunda, tomando como referencia la temporalidad de los contratos, el 51% de las personas afirmaban tener contratos de menos de 6 meses -11%-, ser becario –otro 11%-,  trabajar sin contrato -12%- o estar en paro -17%-. Con estas cifras, aunque la temporalidad o la forma de contrato no agota los indicadores de precariedad, nos permite entender que este fenómeno no está únicamente adscrito a un territorio concreto, sino que es una constante en el conjunto de la Europa de la Troika. Y en tercer lugar cuando se pregunta por el regreso casi un 80% contesta que le gustaría regresar  lo que confirma que muchos jóvenes que abandonan nuestro país para vivir en el extranjero no lo hacen por una cuestión de preferencia personal.

Por lo tanto, casi siempre, en casi todos los casos la emigración juvenil no se debe a motivos de aventura, sino que se debe a motivos económicos, o lo que es lo mismo, políticos: vivimos en un país cuyas élites han decidido dedicar todos sus recursos al pago de una deuda privada que la ciudadanía no ha contraído vendiendo lo poco que nos queda a trozos. El mecanismo del recorte y la canalización de los pocos recursos que nos quedan a pagar la deuda, han arrasado cualquier posibilidad de recuperación económica y de crecimiento, y aún más la de crecer y  a su vez distribuir. Un país sin crecimiento económico no puede pagar su deuda, la reducción de nuestros salarios, la precariedad, los recortes y las privatizaciones y consigo la asfixia de la economía solo genera más deuda, más intereses y más hipoteca del futuro de todos. Por eso es un exilio en toda regla: porque lo ha provocado los intereses de las élites en el poder.

Es por esto, en tanto en cuanto es una cuestión politica y por lo tanto reversible,  desde JSF intentamos y seguimos dándole una respuesta al exilio, al igual que lo hacemos con el desempleo, la multiplicación de los contratos laborales temporales, la privatización de la sanidad, la educación, los deshaucios y la justicia para unos pocos etc.  Intentamos dar respuestas públicas a fenómenos que tratan de presentarnos como causas de padecimientos individuales. Tenemos que seguir haciéndolo, politizando lo que nos sucede a nosotros y nosotras mismas y a quienes nos rodean, mediante un lenguaje y un discurso político novedoso y audaz con trabajo en redes sociales y medios de comunicación para poner cara a los responsables de nuestro sufrimiento. La ciudadanía en este sentido se tiene que empoderar, participar y arrebatar el poder político a quienes lo han usurpado para robar la democracia y la soberanía de nuestros pueblos, para llevarnos a un modelo más desigual[3] y con un mayor porcentaje de nuestra gente joven y no joven en la pobreza[4] (Gráfico 2 y Tabla 2). Eso es lo mejor que podemos hacer en este momento como este y nuestras vidas van en ello .

Gráfico . Índice de Gini

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

 

Tabla. Pobreza relativa total de población y de 15 a 29 años.

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat. Los datos de Población total son después de transferencias (60% mediana ingreso). Los datos de pobreza joven se calcula a partir del horizonte 2020: teniendo en cuenta variables como educación, mercado laboral, exclusión, privación material etc.

 

¿Qué podemos hacer frente a la precarización y la exclusión?

Como resultado de este proceso de empobrecimiento masivo y precarización de las condiciones de vida de la ciudadanía, al tiempo que las instituciones políticas y el marco constitucional permanecen inmutables a la vez que se dan continuos casos de corrupción de las élites, hemos comenzado a hablar de una ruptura del pacto social tal y como lo conocíamos y de quiebra del Régimen político del 78. Porque el  ejercicio de la democracia exige el cumplimiento de los derechos fundamentales que reconocen las constituciones y que hacen a los ciudadanos “libres e iguales”. En este sentido cuando el modelo que permitía la expectativa razonable de la población de cumplimiento del contrato social se basaba en un modelo de trabajo y de salario que está quebrado, es difícil que la arquitectura política de un Estado resista inmutable. Incluso a pesar de los esfuerzos de las élites por que así sea.

El ciclo político abierto por las movilizaciones de las plazas ha tenido resultados notables en términos de movilización popular, ha desplazado del sentido común hacia posiciones de impugnación de las élites y el sistema político y comienza a tener articulaciones institucionales que pelean por el poder político sobre todo encarnada en el fenómeno Podemos. Se ha abierto la oportunidad de cambio en nuestro país y ha dado lugar a una aceleración de la descomposición de las figuras, los consensos y las instituciones del orden político del 78 y de  la necesidad de presentarse las élites con ropajes nuevos. Se dibuja un marco en el que los contingentes fundamentales en la arena política en nuestros días son la ciudadanía y el establishment, el pueblo y las élites. Este es el terreno de juego fijado para la pelea política de nuestros días que encarna la quiebra política en Europa, aunque buena parte de las batallas políticas cruciales de nuestro tiempo todavía se tengan que librar. Se trata de la pelea de la gente corriente y las élites responsables del saqueo, de la democracia y la vida y el neoliberalismo y la pérdida de derechos.

Dicho esto desde Juventud Sin Futuro (JSF)  que llevamos saliendo a la calle desde el 7 de Abril de 2011 y en este momento diciendo que Madrid no es ciudad para jóvenes, vimos tras las últimas elecciones europeas que la ciudadanía no aguanta más las políticas del empobrecimiento ni la corrupción; y busca nuevas opciones, formas de participar diferentes y caras distintas en las instituciones para acabar con orden de las cosas que beneficia sólo a unos pocos y castiga a la gran mayoría social. En este sentido a día de hoy, ante el contexto de impugnación del orden político existente, la descomposición del régimen y su encasillamiento en el apartado de lo viejo; así como  su incapacidad para comprender el momento político iniciado (sabiendo que se trata de una ventana de oportunidad que no va a estar abierta de forma infinita),  nos parece fundamental que la juventud participe en procesos que traten de recuperar las instituciones y la política para la gente corriente. Es decir hemos pasado a entender la arena institucional como un campo de lucha, de batalla política más como son las calles, las plazas y las redes porque que que la ventana de oportunidad abierta para el cambio se cierre por arriba con un cierre oligárquico y  recomposición del régimen o bien por abajo con ruptura democrática transformando una nueva mayoría social en nueva mayoría política depende de buena parte de nosotros y nosotras y de la inteligencia de la lectura que sepamos hacer de este momento.

La recomposición del régimen supondrá normalizar y hacerse irreversible la pérdida de derechos, el desempleo, la precariedad, el exilio de nuestros jóvenes y el expolio generalizado a través del pago de una deuda impagable. Por su parte un cierre con una ruptura democrática por abajo no supone ganarlo todo pero si nos permite comenzar la batalla en las instituciones hacia la construcción un nuevo proyecto político para recuperar la soberanía popular y comenzar a escribir un nuevo proyecto de país que nos permita dar la batalla europea. En nosotras y nosotros, en las y los jóvenes del Sur de Europa recae buena de esta responsabilidad.

 

[1]  En ésta se comprueba la creación de empleo precario y el exilio como una realidad: aunque el paro baja, se reduce la población activa y los asalariados con contrato indefinido bajan en 26.700. Mientras que los asalariados con contrato temporal sube en 122.400 situándose la tasa de temporalidad en 24,64%. Además España pierde 108.000 habitantes en últimos 12 meses.
[2] Martínez Carrasco, A. y Verdes- Montenegro Escánez, F. (2014). “La Unión Europea frente al problema del  desempleo juvenil: las migas de un pastel que se comen otros”. BOLETÍN ECOS Nº 27 – JUN.-AGO. 2014 FUHEM ECOSOCIAL.
[3] Siendo en España y Grecia donde más se ha incrementado el índice Gini. Ambos países también encabezan la lista en el ratio 80-20  (relación entre los ingresos del 20% más rico con respecto al más pobre)  superando a países como Bulgaria o Lituania que históricamente han presentado mayores ratios en esta relación. España pasó de 5,9 en 2007 a 7,2 en 2012 siendo el más alto de Europa seguido de Grecia que pasó de 5,9 a 6,6.
[4] Especialmente alta y con crecimiento más rápido y pronunciado en Grecia y España. A destacar el caso heleno en el que los porcentajes más bajos de pobreza se dan ya en 2008 y 2009 y es con el memorándum de la Troika cuando se dispara este porcentaje. El caso de Italia también presenta porcentajes más bajos en los años 2008 y 2009.

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QUIEBRA SOCIAL

Los recortes en protección social y otras medidas de ajuste suponen una reconfiguración del tradicional Estado del bienestar europeo (sin olvidarnos de las disparidades por países) y un claro retroceso para el bienestar ciudadano. Muchos de estos cambios limitan el acceso y favorecen la entrada del sector privado en la gestión y provisión de bienes y servicios que, con anterioridad, gozaban de un carácter eminentemente público y universal. Estamos ante un proceso complejo de transformación que combina diferentes medidas de mercantilización, privatización y desmantelamiento. Mientras continúan las ayudas y los rescates financieros de los que se beneficia un pequeño núcleo de poder, las nuevas políticas sociales agudizan aún más la brecha social y suponen la quiebra de un modelo social que apueste por la justicia y la equidad.

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QUIEBRA POLÍTICA

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